Bitácora 8

Hay algo extraño en intentar escribir sobre una clase a la que no fui. No es solo la ausencia física, es la sensación de no tener de dónde agarrar el hilo, como si me hubieran quitado la primera pieza de dominó y aun así tuviera que narrar cómo caen las demás. Esta vez no tengo una frase del profesor anotada en el cuaderno, ni una palabra subrayada para luego traerla aquí. Lo único que tengo es un pdf abierto, un cuaderno en blanco y una experiencia que, aunque no ocurrió en el salón, termina atravesando todo lo que esta clase intenta enseñarme.


La hipótesis se plantea como una respuesta tentativa al problema de investigación. No es una verdad, no es una conclusión, es un punto de partida que se construye desde lo que ya se sabe, desde la observación, desde la intuición informada. No nace por capricho, nace de una pregunta previa, de un problema que insiste. Es decir, las hipótesis nacen de la necesidad de explicar, de conectar variables que ya han sido observadas, incluso cuando todavía no sabemos si esa relación es real o no.


Llevaba más de un mes sin asistir a control de ortodoncia. No porque quisiera aplazarlo, sino porque había tenido que priorizar algo más urgente: acompañar a mi abuelita en el hospital. Sin embargo, los procesos no se detienen cuando uno los ignora. Los brackets siguen haciendo su trabajo, moviendo los dientes, abriendo espacios que, si no se controlan, se quedan ahí. Empecé a notarlo cada vez más: pequeños vacíos entre mis dientes que no me gustaban, que me incomodaban, que me hacían sentir que algo estaba fuera de lugar. Sabía que necesitaba el ajuste, que no podía seguir postergándolo.


Por eso, cuando finalmente me asignaron la cita un miércoles, no tuve mucho margen de decisión. Salí el martes después de clase, a las seis de la tarde, y emprendí el camino de regreso a mi pueblo para, al día siguiente, viajar hasta el lugar donde tenía la ortodoncia. Implicaba un desplazamiento completo de mi rutina, una reorganización del tiempo, una renuncia implícita a estar en clase.


Antes de tomar la decisión, le escribí a la monitora, buscando una especie de validación, y ella me dijo que hablara directamente con el profesor. Cuando le escribí, su respuesta fue simple pero suficiente: que si tenía que ir, que lo hiciera. Y aquí se insinúa algo fundamental: toda hipótesis implica una toma de postura frente a una situación. Elegir también es anticipar un resultado.


El miércoles, en la sala de espera, con todo ese contexto acumulado, lo que apareció primero fue la ansiedad. No solo por la cita, sino por todo lo que implicaba estar ahí: el tiempo que había dejado pasar, los cambios en mis dientes, la clase a la que no estaba asistiendo. Era una especie de tensión entre lo que ya sabía y lo que esperaba que ocurriera. Porque, aunque no lo formulara así, yo ya llevaba una idea en la cabeza: que el ajuste iba a corregir esos espacios en mi boca, que algo iba a volver a su lugar.


Y aquí hago una pequeña pausa: perdón, lector, por hacerte atravesar toda esta historia sobre los espacios entre mis dientes para hablar de hipótesis… pero de alguna forma tenía que encontrar por dónde empezar.


Veo la hipótesis no como un concepto abstracto del libro, sino como una forma de anticipar la realidad. Una hipótesis puede ser de varios tipos: puede ser nula, cuando plantea que no hay relación entre variables; alternativa, cuando propone una explicación distinta a la nula; o incluso estadística, cuando traduce esas relaciones en términos numéricos y comprobables. En mi caso, sin saberlo, convivían todas: la idea de que el ajuste sí iba a generar un cambio (hipótesis de investigación), la posibilidad de que no ocurriera nada (hipótesis nula), y la expectativa de un resultado medible en el movimiento de mis dientes (una lógica, aunque no la expresara en números).


Cuando finalmente me llamaron y me hicieron el ajuste, lo que sentí fue alivio. Un alivio inmediato, físico, pero también mental. Como si, por un momento, esa respuesta tentativa se hubiera confirmado. Y entiendo algo respecto al tema de clase: en la investigación cuantitativa, las hipótesis son centrales porque guían la medición, la comprobación, la relación entre variables; mientras que en la cualitativa no siempre son necesarias desde el inicio, porque el proceso es más abierto, más exploratorio, más dispuesto a que la realidad misma vaya sugiriendo las respuestas.


Mientras tanto, ese día hubo otra ausencia que no deja de pesar: la del salón de clase. Yo soy de las que escribe mientras el profesor habla, de las que organiza el cuaderno, de las que anota frases para luego traerlas a este espacio. Esta vez no hay nada de eso. Y sin embargo, escribir esta bitácora se convierte en una forma de poner a prueba otra hipótesis, más personal: que puedo comprender un tema no solo desde la presencia en clase, sino desde la lectura, la experiencia y las conexiones que logro construir.


Y en ese intento empiezo a ordenar lo que el capítulo propone: hay hipótesis descriptivas, que anticipan un valor o comportamiento; correlacionales, que relacionan variables; de diferencia de grupos, que comparan; causales, que plantean efectos; nulas y alternativas, que se oponen; estadísticas, que cuantifican; e incluso hipótesis simples o complejas según la cantidad de variables que integran. Todas estas son formas distintas de mirar la realidad.


Por ejemplo, cuando se dice que los niños que ven más televisión desarrollan mayor vocabulario, claramente se está planteando una relación entre dos variables: es una hipótesis correlacional. En cambio, afirmar que ciertos niños ven tres horas de televisión al día ya no busca relación, sino describir un comportamiento: es una hipótesis descriptiva. Y si tuviera que construir una propia, pensaría algo como: “Los estudiantes que asisten presencialmente a clase obtienen mayor comprensión del tema que aquellos que no asisten”, donde las variables serían la asistencia y el nivel de comprensión. En cambio, si afirmo que la motivación influye en la productividad y en el ascenso laboral, estoy entrando en una hipótesis causal, porque ya no solo relaciono, sino que explico un efecto.


En medio de todo esto, intento incluso mirar hacia afuera, como pedía la actividad, y pensar en estudios reales. Muchas veces las hipótesis sí son claras, comprensibles, pero fallan en algo: no siempre definen bien sus variables, no siempre explican cómo se miden, y ahí es donde pierden fuerza. Porque una hipótesis no es solo lo que dice, es cómo puede ser observada.


Para esto tomo como referencia un estudio cuantitativo en el campo de la comunicación que analiza la relación entre el uso de redes sociales y los niveles de ansiedad en jóvenes universitarios. La hipótesis está bien redactada en términos generales, es comprensible y directa: plantea que a mayor uso de redes sociales, mayores niveles de ansiedad. Se trata de una hipótesis correlacional, ya que establece una relación entre dos variables sin afirmar necesariamente causalidad.


Las variables son claras en lo conceptual —uso de redes sociales y ansiedad—, pero es en lo operacional donde empiezan a aparecer vacíos: aunque se mide el tiempo de uso en horas, la ansiedad se evalúa mediante escalas que no siempre se explican del todo, lo que puede generar ambigüedad en la interpretación de los resultados. Tal vez lo que podría mejorarse es precisamente esa definición operacional más rigurosa, porque ahí es donde la hipótesis realmente se pone a prueba.


Si tuviera que construir una hipótesis más estructurada, pensaría en una de diferencia de grupos, algo como: “Los estudiantes que asisten presencialmente a clase presentan mayor nivel de comprensión de los temas que aquellos que no asisten”. Aquí las variables son claras: por un lado, la asistencia (presencial vs. no asistencia) y, por otro, el nivel de comprensión. Al leer afirmaciones como “la motivación intrínseca hacia el trabajo influye en la productividad y en el ascenso”, entiendo que ya no estamos solo frente a una relación, sino frente a una hipótesis causal. Aquí hay una intención clara de explicar cómo una variable incide directamente sobre otras, lo que implica un nivel más profundo de interpretación.


Y curiosamente, cuando intento llevar esto a algo más cotidiano, aparecen ejemplos que no vienen de revistas científicas, vienen de películas y canciones, al final son narrativas que hacen parte de lo que vemos y escuchamos. Por ejemplo, en Betty la fea hay una especie de hipótesis correlacional constante: a medida que Betty se transforma externamente, también cambian las percepciones que los demás tienen sobre ella. No se dice explícitamente, pero la historia juega todo el tiempo con esa relación entre apariencia y reconocimiento social.


También aparecen hipótesis causales muy marcadas en producciones como Sin senos sí hay paraíso, donde se plantea que ciertas condiciones sociales y económicas influyen directamente en las decisiones de los personajes. Hay una intención clara de explicar por qué ocurre algo.


Las hipótesis descriptivas se ven más en narrativas que muestran una realidad sin intentar explicarla del todo, como en La reina del flow, donde se retratan contextos, trayectorias de vida y dinámicas sociales que permiten observar comportamientos sin necesidad de plantear una causa directa en cada momento.


Si pienso en diferencia de grupos, incluso en formatos más cotidianos como realities o dinámicas sociales que vemos en medios, constantemente se comparan comportamientos, oportunidades o formas de actuar entre distintos grupos, como si todo el tiempo estuviéramos evaluando quién responde mejor bajo ciertas condiciones.


Y si lo llevo a la música, en Tusa se puede leer una relación entre desamor y transformación emocional cuando se dice “ya no tiene excusa, hoy salió con su amiga disque pa’ matar la tusa”, donde se sugiere que la acción (salir) está relacionada con el intento de superar el dolor. Mientras que en Color Esperanza aparece una hipótesis más cercana a lo causal: “saber que se puede, querer que se pueda”, como si la actitud y la intención influyeran directamente en el resultado. Ahí se plantea, aunque desde lo emocional, que cambiar la forma de pensar puede generar un cambio en la realidad. Incluso hay canciones donde se siente una hipótesis nula implícita, como cuando alguien insiste en que, a pesar de todo lo vivido, nada realmente cambia, como si la experiencia no lograra alterar el resultado esperado.

Por otro lado, inevitablemente, este texto me lleva a la salida de campo que sigo aplazando. Después de tantas bitácoras, de tantas ideas, de haber decidido ir a un matadero, me doy cuenta de que no he hecho lo más básico: ponerle fecha, concretar la ida, enfrentar lo que eso implica. Como si formular la pregunta fuera más fácil que exponerse a la respuesta.


Soy vegetariana y animalista desde los 15 años. Llevo cinco años construyendo una forma de ver el mundo, de tomar decisiones coherentes con eso. Y ahora estoy frente a una decisión que, de alguna manera, desafía todo eso: ir voluntariamente a un lugar que representa exactamente lo contrario. Y ahí, casi sin darme cuenta, empieza a tomar forma una hipótesis que nace de mi propia tensión.


¿Qué ocurre cuando una persona con una postura ética consolidada se expone directamente a una realidad que la contradice? ¿Esa experiencia refuerza su posición o la transforma? ¿El contacto con ese escenario genera rechazo, distancia, comprensión o cambio? Podría incluso arriesgarme a formularla mejor: “La exposición directa a prácticas de sacrificio animal en un matadero refuerza la postura animalista en personas que ya se identifican con ella”. Ahí hay variables, hay una relación, incluso una posible causalidad. Pero sobre todo, hay una incomodidad que se parece mucho a la de esa sala de espera: la de no saber exactamente qué va a pasar, pero saber que algo va a pasar.


Esta bitácora se construye desde lo que me tocó vivir fuera de clase. Y tal vez ahí está su sentido. Porque si la hipótesis es, en el fondo, una forma de atreverse a anticipar la realidad, entonces la verdadera pregunta no es solo cómo formularla correctamente, sino qué tan dispuesta estoy a llevarme a escenarios donde esa anticipación pueda ser cuestionada. Porque formular una hipótesis es, de alguna manera, comprometerse con la posibilidad de estar equivocada… y aun así decidir ir.



Referencias
Hernández Sampieri, R., Fernández Collado, C., & Baptista Lucio, P. (2014). Metodología de la investigación (6ª ed.). McGraw-Hill.
Karol G & Nicki Minaj. (2019). Tusa [Canción]. En Ocean. Universal Music Latino.
Torres, D. (2001). Color esperanza [Canción]. En Un mundo diferente. Sony Music Latin.


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