Bitácora 13

“El cuerpo también habla, incluso cuando uno no quiere decir nada”.

Perdí la cuenta exacta de en cuál clase vamos, noté que era la 13 por el registro de las bitácoras anteriores, pero esta empieza igual que terminó mi semana: dispersa. Y no solo el salón, yo también. El cierre de semestre ya se siente pesado, todo el mundo anda cansado, entregando trabajos, pensando en parciales, editando cosas a última hora, durmiendo mal. Se nota en la forma en la que entramos al salón, en el ruido, en la poca atención y hasta en la manera en la que respondemos cuando nos hablan.

Ese día empezamos leyendo otra vez bitácoras de compañeros. La del inicio era de Valentina y hablaba sobre cazamentiras y los accesos oculares, los temas de la clase pasada. Mientras la leían, escuché la palabra kinestésico, haciendo alusión al acceso ocular de cuando una persona mira hacia abajo en diagonal y conecta con emociones o sensaciones. Apenas escuché la palabra, mi cabeza se fue para otro lado. Creo que ahí entendí muy bien cómo funcionan las asociaciones mentales.

Hace unas semanas me lesioné jugando baloncesto, ya se me ha hecho costumbre, la vida del deportista incluye visitas semanales al fisio. Soy parte de la selección de la Universidad y me esguincé el tobillo derecho, por tercera vez. Desde entonces vivo entre vendas, hielo, fisioterapia y esa sensación incómoda de volver a sentir el tobillo débil cada vez que apoyo mal el pie. Entonces apenas escuché “kinestésico”, lo primero que pensé fue en la venda deportiva que me ponen antes de jugar. Esa especie de bota apretada que inmoviliza un poco el tobillo y que ya relaciono directamente con dolor, recuperación y movimiento corporal.

Y ahí conecté el tema con los accesos oculares. Porque justamente lo kinestésico tiene que ver con las sensaciones físicas, con lo que el cuerpo recuerda. A veces uno cree que recordar es solo imágenes o sonidos, pero no. El cuerpo también recuerda. Hay palabras que activan sensaciones completas. A mí me pasó ahí mismo en clase.

Valentina estaba emocionada porque le estaban leyendo la bitácora y eso también se nota demasiado en la gente. Hay personas a las que genuinamente les gusta sentirse escuchadas. Les cambia la postura, el tono de voz, la cara. Eso también termina siendo comunicación no verbal.

Después el profesor mencionó un término que anoté como “EMRD”, relacionado con escritura académica y organización de ideas. El nombre hace referencia a una estructura muy utilizada en textos investigativos: Esquema Mental de Redacción y Desarrollo. La idea principal es que escribir no debería ser simplemente llenar páginas, sino aprender a construir un hilo lógico que permita desarrollar una idea, conectarla y sostenerla con sentido.

Más allá del nombre exacto, la conversación terminó girando alrededor de algo que me pareció importante: escribir bien es lograr que alguien entienda lo que uno quiere decir sin sentirse expulsado del texto. Y creo que eso conecta mucho con estas bitácoras. A mí me gusta escribir como hablo, porque siento que si una persona me lee y puede escuchar mi voz en el texto, entonces el ejercicio funciona.

Ese día no hubo exposiciones de compañeros. Expuso Cobos y habló de Paul Ekman, uno de los pioneros en el estudio de la comunicación no verbal. Su historia me quedó sonando mucho más que la teoría.

El interés de Ekman por estudiar las emociones surgió después de una experiencia personal muy dura. Su mamá tenía problemas de salud mental y estaba internada en un centro psiquiátrico. Él iba a graduarse y ella salió del centro en el que estaba internada, pero terminó suicidándose. A partir de esa experiencia, Ekman empezó a interesarse por entender cómo las emociones logran mostrarse incluso cuando las personas intentan ocultarlas.

Más adelante, revisando las grabaciones del lugar, empezó a notar pequeños gestos, movimientos corporales y señales emocionales que parecían decir muchas más cosas de las que las personas alcanzaban a interpretar en el momento, el mensaje estaba en sus manos.

Y desde ahí empezó a investigar cómo el cuerpo comunica incluso antes de que hablen las palabras.

Dentro de sus hallazgos están las famosas emociones universales, conocidas como FACS. Según Ekman, sin importar el país, el idioma o la cultura, existen expresiones emocionales que todos los humanos reconocemos: tristeza, miedo, sorpresa, felicidad, asco, enfado y desprecio.

De hecho, algo que me pareció curioso cuando llegué a mi casa y me puse a leer sobre el tema es que Ekman trabajó como asesor en series y producciones relacionadas con detección de mentiras y lenguaje corporal. Básicamente gran parte de lo que hoy vemos en internet sobre “leer microexpresiones” viene de investigaciones que empezaron con él hace décadas. O sea, muchas veces creemos que estamos descubriendo algo nuevo en TikTok y realmente son estudios que llevan años existiendo.

Cobos quiso poner eso a prueba en clase.

Nos dividió entre hombres y mujeres e hizo una actividad para detectar emociones en microexpresiones proyectadas en el tablero. Eran gestos rapidísimos, casi imposibles de ver completos, y teníamos que identificar qué emoción aparecía.

La teoría del profesor era que las mujeres solemos detectar mejor esos detalles porque tenemos más desarrollado el neocórtex para ciertos procesos emocionales y de percepción. Al principio iban ganando los hombres, pero después las mujeres les cogimos el ritmo y terminamos remontando.

Aunque igual Cobos dijo algo que me pareció todavía más interesante: para él, hoy esa teoría ya no es tan fuerte como antes porque, en general, todos hemos perdido capacidad de observar detalles. Vivimos distraídos. Todo el tiempo. Nadie mira completo. Nadie escucha completo.

Y honestamente creo que tiene razón.

Después hizo otro ejercicio raro, pero interesante. A un grupo nos pidió sostener el rostro de cierta manera, tensando la boca entre el labio y la nariz. El otro grupo hizo otra posición facial distinta. Luego nos puso videos de comedia bastante malos, sinceramente. Yo casi no me reí porque el humor era malísimo, y soy un poco ácida, pero el punto no era el chiste.

La intención era demostrar que la postura facial también altera la emoción.

Dependiendo de cómo posicionamos el rostro, el cuerpo empieza a predisponerse emocionalmente. Y aunque suene extraño, creo que sí pasa. Uno lo ve incluso fuera de clase. Hay días en los que alguien entra al salón con la cara totalmente caída y antes de hablar ya sabemos que algo le pasa. O cuando alguien sonríe por compromiso y uno nota inmediatamente que esa sonrisa no le llegó a los ojos.

Hay sonrisas que se hacen solo con la boca y otras que sí alcanzan los ojos. Y aparentemente eso también lo estudió Ekman: una sonrisa genuina activa músculos alrededor de los ojos que una sonrisa fingida normalmente no logra mover igual. Me parece loco pensar que el cuerpo hasta en eso nos traiciona.

El cuerpo filtra cosas todo el tiempo.

Después vino el quiz del tema. Yo estaba con Mariana Paz y nos estaba yendo bien, como es costumbre. Llevábamos solo un error hasta que al final, por el afán, seleccioné una respuesta rapidísimo y la marqué mal. Nos quedó como en 4.6 y quedé con la espinita por acelerarme.

Por otro lado, me quedó sonando muchísimo el tema de la comunicación no verbal.

Porque uno puede decir “estoy bien” mientras aprieta las manos, evita la mirada o mueve el pie sin parar. El cuerpo contradice muchísimo de lo que intentamos controlar con palabras.

Y por eso investigar personas nunca se va a tratar solo de hacer preguntas. También se trata de observar silencios, gestos, miradas y todo eso que alguien no alcanza a decir directamente.

Al final, el cuerpo siempre termina hablando.



Referencias 

Ekman, P. (2003). Emotions revealed: Recognizing faces and feelings to improve communication and emotional life. Times Books.

Ekman, P., & Friesen, W. V. (1978). Facial Action Coding System: A technique for the measurement of facial movement. Consulting Psychologists Press.

Pease, A., & Pease, B. (2004). The definitive book of body language. Bantam Books.

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